Herederos del recuerdo
Tres años después de empezar con la saga de Herederos del Tiempo de Adrian Tchaikovsky vuelvo a ella para hablaros de la tercera entrega titulada «Herederos del recuerdo». La saga que se compone de dos libros anteriores (de los que os hablé en el artículo enlazado) no termina con este tercero sino que continúa, al menos con un libro más ya publicado en inglés y que todavía está a la espera de traducción titulado «Children of Strife» («Herederos de la lucha»? quizás). De hecho, mi primera percepción al terminar la novela ha sido que la saga puede durar mucho más allá de esta cuarta y futura entrega. Tchaikovsky ha creado un universo por encima del tiempo, donde aunque la idea primordial sigue siendo la de la primera novela: una memoria humana que perdura durante milenios esparciendose por el universo y que se ayuda de otras especies para conservarse, la narración de las siguientes historias va añadiendo componentes a esta con contextos variados y originales.

En esta tercera entrega la historia se centra en una nueva nave arca llamada Endiku, hermana de la Gilgamesh que conocimos en la primera novela de la saga. Los humanos a bordo de esta llegan al planeta Imir y descubren que los procesos de terraformación no han tenido el resultado esperado. Aunque esta vez no ocurrió como en el planeta de Kern, donde la terraformación si tuvo éxito aunque con resultados inesperados por la emergencia de las arañas pórtidas. Esta vez los protoorganismos liberados sobre el planeta apenas comenzaron su trabajo de creación de un ecosistema antes de bloquear su propia evolución. En Imir encontramos una atmosfera respirable, agua líquida y poco más. No hay vida vegetal de ningún tipo, solo páramos de tierra, cauces de agua de trazado variable, salvajes tormentas, inundaciones, etc. En este escenario tan hostil la tripulación de la Endiku se esfuerza por crear una primera colonia y poder así despertar a los millones de almas que se encuentran congelados en la nave y que partieron de la Tierra con la esperanza de un futuro en las estrellas.
La historia de esta pequeña colonia donde la tecnología antigua y decrépita de la Endiku se mezcla con unos modos de vida primitivos me ha recordado mucho a Linaje Ancestral, otra novela del autor. Un aspecto novedoso de la novela es la aparición de una nueva especie acelarada en cierta manera por el contacto humano. Anteriormente teníamos las arañas pórtidas, los pulpos del planeta Damasco y la extraña criatura multicelular de Nod, con una memoria infinita almacenada en su código genético y que ha mutado para entender que fagocitar a todo organismo vivo que se encuentre no es la mejor manera de sobrevivir y conocer, sino que debe aprender a convivir y respetar otras formas de vida. Además, la IA de origen pórtida que daba soporte a la legendaria Avrana Kern sigue presente en este libro también. Pero además, ahora hemos de sumarle una especie de cuervos, provenientes de otro experimento de terraformación fallido y que han desarrollado una civilización tecnológica en base al entendimiento de la tecnología humana y a la replicación de nuestros procesos. Carecen de creatividad pero poseen un entendimiento analítico similar al nuestro. Lo llamativo es que lo consiguen agrupándose por parejas de individuos. Un miembro de la pareja posee una memoria fascinante mientras que el otro aporta la profundidad analítica y la capacidad de abstracción de conceptos. El pensamiento surge, por tanto, entre ambas mentes y con ellas Tchaikovsky ha querido representar en mi opinión el desafío de la IA actual. Durante todo el libro, el debate de si estos cuervos piensan de forma inteligente realmente o solo replican es permanente. Ni siquiera ellos mismos son capaces de ilustrarnos en esta disyuntiva. ¿Tener un comportamiento inteligente es sinónimo de ser inteligente?
Una historia algo más corta que las anteriores pero que, en mi opinión, supera a la segunda y se coloca a la altura de la primera entrega de la saga. En ocasiones incluso la supera debido a un gran final mucho más sorprendente que el de las anteriores. Una saga de ciencia ficción dura que aporta unas ideas fascinantes, un desarrollo espectacular y emocionante y sobre todo, está escrita narrativamente con un nivel muy alto. El giro final de la novela me ha traído a la mente ideas planteadas por Adolfo Bio Casares en la Invención de Morel. Si eres amante del género es una novela y una saga totalmente imprescindible, a la altura del autor y que no deberías dejar pasar.
Junio 2026